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TRUMP, EL MÁS ODIADO

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Las polémicas elecciones norteamericanas han expuesto, como nunca antes, la doble vara analítica del periodismo mundial, la cual se define de acuerdo a cercanías o lejanías de diversa índole (principalmente, ideológicas y políticas).  El clásico argumento de  “Objetividad”, ese recurso históricamente utilizado por la prensa para escudarse y justificarse cuando sus argumentos escasean, ha caído para siempre. El responsable de ello tiene nombre y apellido: Donald Trump. 

El presidente denunció fraude electoral y los medios se escandalizaron. La indignación de las cadenas televisivas motivó la interrupción de la última conferencia de prensa brindada por el mandatario. Un hecho de censura concreta. Muy grave.

La doble vara analítica del periodismo se reflejó en lo siguiente: en 2016, durante la anterior campaña electoral de EEUU, el Partido Demócrata acusó al propio Trump de haber manipulado los resultados electorales en complicidad con hackers rusos, en teoría, ligados al Gobierno de Vladimir Putín. Una acusación que se inscribía en el delito de alta traición a la Patria. Gravísimo.

En aquel momento, ningún medio requirió al equipo de Hillary Clinton el aporte de pruebas concretas cuando expusieron sus acusaciones. Pero, a Trump si se le exigió pruebas desde el mismo momento en que denunció la existencia de múltiples irregularidades en el escrutinio electoral actual. ¿Por qué semejante disparidad de criterios?

Según la prensa mundial, la palabra “Fraude” en boca de Trump, y sus dudas sobre la transparencia del sistema electoral de su país,  representó un duro golpe a la democracia estadounidense.  No obstante, ellos mismos jamás resaltaron la solidez institucional norteamericana cuando se sometió a juicio político a su actual presidente, sin que éste interpusiera ningún obstáculo para que ello se llevara a cabo.

Robert Müller, Consejero Especial, llevó adelante una investigación que duró dos años en contra de Trump. No encontró ninguna prueba concluyente que avalara las acusaciones en contra del mandatario (Abuso de Poder y Obstrucción del Congreso). Finalmente, en febrero de este año, el presidente fue absuelto por el Senado. Y los medios opositores a él se sumieron en una decepción absoluta.

Evidentemente, en EEUU ha surgido el periodismo militante, como ocurrió en Argentina hace años atrás. El odio hacia Trump, justificado o no, atenta contra la necesaria imparcialidad analítica e informativa. Ninguna de las grandes cadenas noticiosas se plantea una pregunta que debería existir, a pesar de las posiciones políticas predominantes: ¿Y si Trump tiene razón?

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