ANALIZANDO A ESPERT, PARTE II

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En una columna de opinión publicada por el diario La Nación, fechada en setiembre de 2015, José Luis Espert – no siendo aún candidato a ningún cargo político – analizó el contexto que dejaba el kirchnerismo, antes de celebrarse las elecciones de ese año. Al respecto, afirmó: “El ajuste es inevitable si no conseguimos financiamiento externo, so pena de seguir el camino de Venezuela. El ajuste será necesario aun cuando logremos el financiamiento externo que lo postergue, porque no podemos quebrar la parte más sana de nuestro sistema productivo (agro, industria exportadora, petróleo, turismo). Debido a la irresponsabilidad de Cristina Kirchner, el futuro presidente tendrá que elegir entre un ajuste políticamente incorrecto o una continuidad de los desequilibrios que sería calamitosa.”1 En ese tiempo, el economista aseguraba que el contexto económico con el que iba a encontrarse el presidente que asumiera el 10 de diciembre de ese año, iba a ser muy complicado.

Desde su rol de analista económico, siempre tuvo coherencia y solidez argumental. Sin embargo, cuando comenzó a transitar el camino de candidato a presidente expuso notorios problemas desde lo discursivo. Allí,  radicaron sus mayores errores políticos durante su campaña electoral. No tanto por lo que dijo, sino por lo que omitió decir. En el editorial anterior – si aún no lo ha leído hecho, por favor, hágalo -, se demostró claramente que sus propuestas de gestión (excelentes, pertinentes y necesarias de ser aplicadas) no fueron comunicadas de la mejor manera. Les faltó transparencia explicativa. El candidato nunca manifestó que esas proposiciones necesitaban de un tiempo considerable de trabajo, de mediano a largo plazo, lo que las hacía imposible de ser aplicadas dentro de una sola gestión presidencial de 4 años. Y a esto se añadió otra equivocación garrafal: el uso de una doble vara analítica y de acción. Un típico y repetido vicio dirigencial nacional.

En Argentina, los políticos suelen utilizar un curioso sistema de análisis de la realidad: poseen una vara amplia, exigente hasta rozar la perfección, que se usa para estudiar las acciones y discursos de los adversarios dirigenciales de turno. Al mismo tiempo, tienen otra vara analítica, más flexible y con escaso nivel de exigencia, que se utiliza para analizarse a sí mismos. Lamentablemente, Espert cayó en dicho vicio. Y ello lo llevó a dilapidar la mayor parte de sus chances de construir gran capital político a futuro.

Todas las críticas que Espert realizó hacia la gestión presidencial de Mauricio Macri, en materia económica, fueron pertinentes y certeras. Sin embargo, carecieron de una necesaria contextualización  de acuerdo a aspectos históricos, sociales, culturales y políticos. Calificó como “fracaso” a la gestión de Cambiemos, sin advertir que hasta diciembre de 2019 (tiempo en el que dicho espacio dejó la presidencia para dar paso a la asunción de Alberto Fernández)  ningún gobierno no peronista habia podido culminar su mandato constitucional, desde la presidencia de Marcelo T. de Alvear, en 1928. Tuvieron que pasar 91 años para ver un hecho así. Pero, ese dato pareció no tener relevancia para él.

Otra crítica errática fue igualar a Cambiemos con el kirchnerismo. Sin advertirlo, esa estrategia discursiva sepultó cualquier probabilidad de captar votos de manera significativa. Fueron dos las consecuencias negativas que produjo esa línea argumental. En primer lugar, sus críticas se alinearon con el relato K (“Macrisis”, “Macri, basura, vos sos la dictadura”, etc.). En segundo lugar, sus posiciones discursivas favorecieron la polarización entre Mauricio Macri y Alberto Fernández, borrándolo de la pelea electoral. En vez de mostrarse distinto a la oposición política de aquel entonces, se mimetizó con ella. Debió haber utilizado un necesario nivel de sensatez en su visión política, señalando errores y aciertos por igual, pero defendiendo su criterio dirigencial. Omitió referirse a los logros de gestión de la presidencia anterior (aunque hayan sido pocos) y eso le jugó en contra. Ello, le impidió consolidarse como una tercera alternativa política dentro del escenario nacional. Dilapidó una gran chance.

Paralelamente, el repertorio narrativo de su campaña convenció a un importante número de electores, los cuales nunca advirtieron sus omisiones conceptuales. Estos, creyeron de inmediato en la posibilidad cierta de una presidencia de Espert en 2019 (sin una estructura mínima y requerida para competir electoralmente a nivel nacional, sin candidatos propios para construir representatividad parlamentaria, entre otras falencias), pudiendo desplegar sus propuestas de campaña en un lapso de 4 años, sin soportar los embates desestabilizadores de un peronismo que, seguramente, iba a luchar con uñas y dientes para no perder el poder de sindicatos y gremios (principal propuesta de campaña de Despertar). Llamativo. Tantos errores evitables le pasaron factura en las urnas. Inicialmente, se especulaba que el caudal de votos que obtendría en los comicios generales iba a rondar entre el 6 a 8 %. Sin embargo, alcanzó el 1,5 %, aproximadamente. Sacó menos votos que la Izquierda, la cual obtuvo el 2,2 %.

La utilización de la doble vara analítica y de acción generó consecuencias negativas en él. En los últimos días mostró una increíble contradicción, la cual pasó prácticamente inadvertida para los medios y la sociedad.  El martes 08 de setiembre se apersonó a brindar su apoyo y solidaridad a parte del personal policial bonaerense, el cual se encontraba reclamando mejoras en las condiciones de trabajo y suba salarial. Lo curioso de su presencia en esa jornada es que, dentro de su plataforma de propuestas electorales de 2019 figuraban las siguientes medidas: “Limitar el derecho de huelga en cualquier actividad, previendo etapas previas de conciliación entre las partes” y “Limitar a un mínimo excepcional la legalidad de las huelgas generales, que siempre tienen una motivación política”. Es decir, el candidato Espert (ya en campaña, con vistas a las elecciones de 2021) fue a solidarizarse con una huelga policial que, probablemente, no podría realizarse realizarse de la misma forma y con la misma magnitud en un hipotético gobierno suyo. Dicho de otro modo: fue a brindar su apoyo, como candidato opositor, a una medida de fuerza que no hubiese reconocido siendo presidente. Raro.

Nadie duda de la capacidad profesional de José Luis Espert en economía. Su formación, conocimientos y experiencia hablan por sí mismas. No obstante, sus diversas equivocaciones políticas han dinamitado sus posibilidades ciertas de poder construir capital político a futuro. De cara a las elecciones legislativas de 2021, abundan los rumores con relación a los próximos pasos que podría dar en materia de candidaturas. Hace unas semanas atrás, circuló una versión periodística sobre la posibilidad de que el economista fuera en busca de una banca por la Provincia de Buenas Aires, en una formula compartida con Ricardo López Murphy, quien haría lo propio pero desde CABA. ¿Será así?  De serlo, surge una pregunta obligada: ¿Por qué no eligió el ámbito legislativo, en 2019, para hacer su desembarco en la escena política dirigencial? Allí podría señalarse otro yerro suyo, surgido desde una equivocada visión estratégica

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